Termina la semana política con una estatua menos en las calles de Madrid. Dice la Vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, que era una estatua sin consenso y que “la caída del caballo” se trata de un acto de normalidad democrática. Hay algo peor que el sectarismo y es el ridículo.
Y si no, que se lo pregunten al Ministro de Justicia López Aguilar que nos ha informado de que el matrimonio entre homosexuales no es imperativo ni obligatorio sino una opción libre de los ciudadanos. Pues es un alivio para muchos que ya empezábamos a temernos lo peor.
Se reúnen Rubalcaba y Puigcercós para intentar afianzar el pacto de legislatura entre el PSOE y la Ezquerra Republicana de Cataluña. Se reúnen y hacen el ridículo porque los de Ezquerra, también en actitud grotesca, piden la información pública sobre el estado y la situación de unas balanzas económicas que hay por ahí y, que según ellos, van demostrar que –salvo los catalanes- ningún español trabaja y todos vivimos y somos mantenidos por ellos.
A todo esto, las cifras del Vicepresidente Pedro Solbes no encajan con las de los augures europeos y podemos hacer el ridículo en eso del crecimiento previsto y de los números de la convergencia económica.
Ridículo del ex Consejero de Obras Públicas de la Generalitat de Pujol que reconoce que “cuando había empate” en los concursos de obras, él lo resolvía a su honesto saber ni entender. Lo que no se entiende es lo del empate. Lo otro sí y muy claramente.
Y en la semana hay “pilladas” que afectan al partido del Gobierno. Huarte, socialista de Asturias, ha sido “pillado” con un amiguete musulmán relacionado con el 11-M y han “pillado” a ETA-Batasuna con una cinta en las manos en las que se escucha con toda nitidez el plan electoral de los abertzales, con listas blancas, listas negras y listas mediopensionistas. Ahora Conde Pumpido puede hacer el ridículo de cara a las elecciones vascas.
Las fotos con el canciller cubano han traído cola y ya se preparan las maletas para que el Rey viaje a la Cuba castrista y a lo mejor en Salamanca hacemos el ridículo cuando llegue el Comandante Castro a la cumbre de políticos americanos.
Marbella sigue su curso con Gibraltar al fondo. Aquí no se puede hablar de ridículo sino de estupefacción general por todo lo que se está sabiendo y por lo que se intuye que falta por saber.
Joseba Azcárraga, como el que no quiere la cosa defiende a los partidos y a las listas blancas y negras, pone ejemplos con equipos de fútbol vascos y una vez más hace el ridículo colocando a Osasuna junto a La Real, al Atlethic y al Alavés. Inasequible al desaliento.
Aún no sabemos en qué va a acabar el ridículo del Presidente de las Cortes, Señor Marín, con el asunto de los idiomas, pero seguro que aún hay más dosis de ridiculeces, aún contando con que la Semana Santa todo lo tapa al menos por unos días..
Ridículo y divertido que, mientras Fernández de la Vega justifica el numerito de la estatua con lo del consenso, Caldera dice que se debe a las obras del metro en la zona y Gallardón -siempre Gallardón- además de enterarse del desmantelamiento por los periódicos, recurre a la autoridad de Felipe González para razonar sobre el maniqueo de la historia y de la Guerra Civil de la que ,dicho sea de paso, salvo el recientemente homenajeado Santiago Carrillo, nadie quiere acordarse y pocos se acuerdan en realidad.
Un monumento ( una estatua ecuestre) es un homenaje. Franco fue muchas cosas: militar, político, arabista, estadista... e, indiscutiblemente, dictador. No a la amnesia. En democracia, homenajear a un dictador es ilegal. No es criticable la retirada.
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