lunes, 28 de marzo de 2005
Esta partida de iconoclastas socialistas que se han instalado en el Poder, en el Estado español, dirigidos por el presidente accidental Rodríguez Zapatero, llevan un año derribando monumentos. En los últimos días han protagonizado tres actos infumables: la aprobación de la ley de homosexuales, el homenaje a Santiago Carrillo y el derribo de la estatua de Franco en una calle de Madrid. Han derribado tres monumentos. El de la dignidad del hombre y de la mujer, el de la justicia y el de la memoria histórica que hace grande a las naciones democráticas. El odio africano de la extrema izquierda socialista instalada en el Estado español está destruyendo, lenta pero irreparablemente ese otro monumento de la transición, porque el revanchismo ha anegado los bajos fondos, los bajos instintos de un partido que tras unas elecciones polémicas, oscuras y barriobajeras no ha parado de meter las pezuñas en el hediondo barro de una paranoia política muy preocupante, hasta el punto de que ahora mismo miles, millones de españoles pronostican que aquí, en España, puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. El “va a pasar algo” es un pronóstico pesimista que nos amarga la existencia, porque inmersos en la ingenuidad, siempre hemos creído, hasta ahora, que este trozo nuevo de la historia de nuestro país, constituía un hito en la reconciliación de las dos Españas que Machado enfrentaba en sus versos. Y decíamos hasta ahora porque nos tememos que ese espíritu revanchista de la izquierda asilvestrada no va a parar. Nos llegan comentarios muy dignos de crédito de que en el seno del Gobierno se está estudiando la viabilidad de cerrar el Valle de los Caídos para conservarlo como una reliquia, como producto de una distocia política.
Como publicaba recientemente el periódico “El Mundo”: “El juicio del pasado hay que dejárselo a los historiadores y a cada ciudadano. Lo que un Gobierno democrático no puede hacer es dedicarse a una revisión selectiva de la Historia. Si la izquierda y los republicanos se arrogan el derecho a retirar las estatuas de Franco, la derecha podría exigir las responsabilidades de Santiago Carrillo en los asesinatos de Paracuellos o documentar la terrible represión en Barcelona cuando Companys, santificado por los nacionalistas catalanes, presidía la Generalitat”. Y argumentaba así mismo el rotativo madrileño que también se podría pedir la demolición del monumento erigido al racista vasco Sabino Arana, levantado en Bilbao.
El despliegue político revanchista socialista ha llegado hasta la Iglesia Católica, con una campaña anti clerical soterrada, aunque ya se olfatea una marcha atrás del Gobierno y una disposición diplomática de determinados prelados nacional-progresistas que incluso piden un cambio de línea informativa en la COPE. Un pasteleo que nos parece equivoco porque la oleada masónica ha cambiado de táctica pero no de objetivos.
En fin, que Dios nos coja confesados.......y que el Rey haga de Espíritu Santo, si es que sabe, puede y no ha perdido su poder fáctico. De las tres cosas tenemos serias dudas.
La verdad, finalmente, es que la derecha española, siempre anestesiada por la abulia política, está perdiendo la paciencia. Estamos hartos de las provocaciones de este Gobierno sectario que tiene parado el reloj en el 36. Y cuando la derecha pierde los estribos, malo. Aquí va a pasar algo.