Los últimos sondeos de manejo interno en la dirección del PP y la agresividad de Rodríguez Zapatero, con ataques personales a Fraga y Rajoy, en su despedida de la campaña electoral gallega el miércoles, han devuelto al PP la esperanza de revalidar la mayoría en los comicios del domingo. Después de que el pasado fin de semana la mayoría de las encuestas privadas y la gubernamental del CIS les colocaran a tres o cuatro escaños de los 38 necesarios para tener el control en la próxima Cámara autonómica, las «catas» o «tracking» demoscópicas de principios de semana encargados por el PP indican una tendencia al alza que situaba a la candidatura de Fraga en los 37 diputados, al borde mismo de la mayoría absoluta.
En apenas cinco días, populares y socialistas han pasado de la depresión a la ilusión recuperada en el primer caso y de la euforia a la prudencia en el segundo, siempre desde la desconfianza que producen los sondeos en los partidos, datos siempre inciertos e incomprobables, pero el único sustento para graduar los mensajes de la campaña. Hasta el lunes, en el PSOE empezaban a dar por hecho que Emilio Pérez Touriño podría hacerse con la presidencia de la Xunta con el apoyo de los diputados del BNG, ya que parecía consolidarse la tendencia a la baja de la candidatura de Fraga durante la campaña y ya casi todos los sondeos le pronosticaban quedarse a cierta distancia -hasta cuatro escaños- de la mayoría. Además, la subida del PSdG a costa del PP, pero también del Bloque, les permitía después presentarse como vencedores «morales» al alcanzar hasta ocho diputados más que los 17 logrados en 2001.
El de ser el único partido que ha subido en apoyo popular bajo la bandera de proponer «el cambio» sería un recurso necesario para defender después la necesidad de formar una coalición con el tercer y último clasificado para dejar fuera del poder autonómico al partido que, de todas formas, se presenta como favorito para quedar el primero y con gran diferencia.
Esos mismos datos sembraron preocupación en las altas esferas del PP, más entre los jefes que entre las bases,que han respondido durante la semana a los augurios con más movilización y entusiasmo en los mítines ante la amenaza cierta para sus intereses y simpatías de que el «bipartito» PSdG-BNG pueda hacerse con el control de la Xunta. Tras el empeño puesto durante los últimos días en las provincias de Pontevedra y La Coruña por la dirección de campaña del PP, con Rajoy en persona al frente, las tornas parece que han cambiado. En fuentes del principal partido de la oposición dicen creer que han dado la vuelta a la tendencia a la baja del arranque de la campaña, según sus datos internos obtenidos esta semana. Y lo explican por considerar que su mensaje de advertencia sobre los males que traería la coalición «socialnacionalista» cala en elelectorado propio.
En el PSOE se observa por el contrario una mayor reserva sobre sus últimos sondeos internos y un giro muy acusado en su campaña hacia la agresividad más que al mensaje positivo. Los ataques personales de Zapatero a Fraga, al que sacó hasta su pasado como ministro en el anterior régimen, algo que no se escuchaba en un acto público desde los primeros tiempos de Felipe González, fueron acogidos con gran satisfacción en el PP por entender que obedecían a un nerviosismo de última hora que no se correspondía con el desarrollo lógico de la campaña. Esperaban más bien que el presidente del Gobierno se hubiera despedido de la campaña gallega con un mensaje más de futuro, basado en promesas de inversiones públicas, por ejemplo. Los ataques a Fraga siempre son perjudiciales en Galicia, según el PP, porque aunque su figura pueda estar desgastada no deja de ser «el padre» de la Autonomía y las cifras de todos los comicios dejan bien claro que concita el apoyo de casi la mitad de los electores.
La incógnita absoluta sobre lo que puede ocurrir el domingo la arroja el dato reconocido por todos los contendientes y sus druidas demoscópicos de que casi una cuarta parte de los encuestados sigue sin decantarse por una u otra opción, continuidad del PP o bipartito, sin contar con los que mienten, no se sabe si por quedar bien con el poder local, Fraga, o el nacional, el PSOE. Las «catas» casi diarías que han hecho empresas privadas para unos y otros son realizadas por teléfono. Al final y, a diferencia de lo que ocurría a mitad de la campaña, PP y PSOE vuelven a la tesis de que se jugarán el poder por unos pocos miles de votos.